Mi niña se ha ido a estudiar a Irlanda

Recuerdo perfectamente que fue un domingo por la noche cuando nuestra hija nos dijo: Quiero irme el próximo año a estudiar al extranjero. Para nosotros fue un shock, la primera reacción fue” NI HABLAR, como te vas a marchar tanto tiempo si nunca has salido del país sin nosotros”. Pero tengo que reconocer que tenía las ideas muy claras, incluso nos presentó folletos para que viéramos distintas opciones.

Hablamos del tema muchas veces, haciendo números para saber si nos lo podíamos permitir, hablando con sus profesores para ver que opinaban y como podía repercutir en sus estudios cursar 1º de Bachillerato en el extranjero… Cuando lo tuvimos bastante claro, intentamos conocer como le había ido a otros estudiantes y a sus familias (de forma casi unánime recomendaban la experiencia) y una vez madurada la idea empezamos la búsqueda de empresas que nos lo organizaran. ¡A Dios gracias que nos dejamos aconsejar!; quien me iba a decir que un mismo destino no es válido cualquier estudiante: hay que tener en cuenta su edad, madurez, sus aficiones, nivel de inglés…

Interminables los días que nos sentábamos a comentar si sería mejor Irlanda o Reino Unido, si estábamos dispuestos a perder de vista a nuestra hija durante 10 meses para que fuera a Canadá o USA… que si mejor un colegio público o privado… Lo que sí tuvimos claro casi desde el primer momento es que queríamos que viviera con una familia para que conociera de primera mano las costumbres del país.
Una vez tomada la decisión los trámites fueron muy sencillos y tan solo nos quedaba esperar que nos asignaran colegio, conocer la familia… SE NOS HIZO ETERNO.

Este verano se ha pasado volando! Entre contactos con su familia irlandesa, nervios y preparativos para el viaje, noches en vela pensando lo mucho que la íbamos a echar de menos… Lo mejor, lo entusiasmada que estaba ella, nos enseñaba los whatsapp que le enviaba su hostmother, nos hablaba de sus hermanos irlandeses… la vimos tan feliz que supimos que había merecido la pena.
Creo que en el aeropuerto aún recuerdan a “esa mujer llorona que parecía iba a retener a un pasajero”. Por un lado veía a mi hija entusiasmada (también emocionada, supongo que contagiada con mis lágrimas) abrazando a los amigos que vinieron a despedirla y tan solo pensaba… no voy a verla hasta Navidad. Menuda tontería, el skype y el whatsapp son el mejor invento del mundo. Los primeros días contactábamos a diario, todo eran novedades y yo quería saberlo todo: que tal el cole, si estaba bien con la familia, si ya había empezado a hacer amigos en el colegio… hasta lo que comía!!!.

Supongo que soy una madre pesada (quiero pensar que la mayoría somos así) y tengo clarísimo que se acostumbró a su nueva vida mejor que yo (bendita juventud) y aunque la comida sigue siendo lo que peor lleva, ahora está totalmente integrada. Hablamos una vez por semana y siempre tiene prisa porque tiene cosas que hacer. Soy lo peor lo sé, pero a veces siento celos de su mami irlandesa porque se llevan genial, aunque por supuesto le estoy muy agradecida de lo bien que está cuidando de mi niña.

Ahora trato de ver la parte positiva: ya no tengo que andar recogiendo su habitación porque hay ropa por todas partes, no hay discusiones madre-hija que parecían un choque de trenes y hasta su hermano está más relajado. Según me comenta mi hija allí tiene su habitación perfectamente ordenada, ayuda a recoger la mesa y poner el lavaplatos, incluso va con su hostmother a hacer la compra. ¿Me han cambiado a la niña? Estoy deseando comprobarlo, a fin de cuentas … quedan menos de 75 días para que vuelva a pasar las navidades con nosotros.

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